Hubo un barrio obrero que me vio crecer, que en el recuerdo tengo y no olvidare.
A los pies de una térmica, donde las ratas por el rio corrían y la humedad
calaba los huesos, donde parían sin control las gatas y olían a garbanzos los pucheros.
Rodillas raspadas con mercromina y merienda de bollos con nocilla.
Donde se compraba en la tiendina y el crédito se apuntaba en la libreta.
Con distintas gentes y pareceres, todos juntos, gallegos, andaluces, extremeños, vascos, asturianos…
Reunión de chicos en las esquinas, seat seiscientos aparcados.
Las madres llaman por las ventanas, ya es hora de irse a la cama.
Todo se sabe, de todo se habla y, día tras día la vida pasa.
En la calle al sol la abuela repasa, en su radio la novela a la tarde escuchaba.
Familias numerosas que a sus hijos criaban.
Así pasaba la vida en la barriada.
Mi niñez y adolescencia ella albergaba.
Ya solo queda un solar en la nada, donde un día hubo vida y esperanza.
Vivian Esteban


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